
Haciendo una pausa en los excesos navideños, Roula y yo nos dimos cita estas navidades en Egipto. Un viaje corto que nos supo a poco porque Egipto es un país para quedarse mucho tiempo y disfrutarlo sin prisas. Pero dadas las circunstancias, fue una experiencia muy interesante y una primera toma de contacto, ya que sin duda volveremos. Nuestro viaje fue bastante ambicioso y decidimos visitar muchas cosas en pocos días, pero bueno, como las dos somos curiosas e inquietas, y está claro que no nos importa pasar las horas en autobuses y trenes que no se sabe nunca a qué hora llegaran a su destino, nos lo pasamos muy bien y el balance final fue positivo. A Egipto hay que ir mentalizado por varios motivos. Es un país muy turístico donde el acoso y derribo al turista es total. Usarán mil tretas para sacarte unas monedas o venderte alguna cosa, y en eso son muy buenos, así que paciencia y buen humor en los zocos, monumentos y cualquier otra zona donde se congreguen los turistas. A pesar de la cantidad de turistas que visitan Egipto, especialmente en los meses de invierno, es relativamente fácil escapar de las hordas evitando las horas puntas en las que parece que todos los turistas se ponen de acuerdo para ir a los sitios. Nosotras estuvimos solas en los Templos de Abu Simbel y, en el Templo de Karnak, hacia el final de la tarde apenas había turistas extranjeros. Así que la cosigna es que no hace falta madrugar, pero es eso sí, si se viaja en el mes de diciembre, como hicimos nosotras, hay que tener en cuenta que a eso de las cinco empieza a anochecer y muchos monumentos cierran, con lo que tampoco hay que dormirse en los laureles. También hay que ir concienciado de que cualquier monumento vale dinero y no son nada baratos, con lo que es bueno tener un presupuesto destinado a parte sólo para eso. Incluso en algún sitio, a parte de pagar la entrada general, puede que hasta haya que volver a pagar para ver alguna cosa famosa, como es el caso de la tumba de Tutakhamon o las Pirámides de Gizeh. A mí particularmente esto me tocó un poco las narices y me quedé sin ver alguna de estas cosas famosas, pero bueno, eso ya depende de las prioridades de cada uno y de lo que se esté dispuesto a pagar.

Nosotras viajamos a nuestro aire. Hay trenes cama que recorren todo el Nilo y son comodísimos, dentro de lo cómodo que puede ser un tre cama, claro. Al ir en temporada alta, no conseguimos tren para ir hasta Aswan, así que la ida la hicimos en autobús y la vuelta en tren. El viaje de autobús fue un viaje mortal de dieciocho horas, seis horas más de lo previsto, con avería de autobús incluída. Yo cometí el error de ponerme unos zapatos abiertos y se me helaron los pies toda la noche. Si se viaja en autobús nocturno, hay que tener en cuenta el tema del aire acondicionado y abrigarse un poco porque si no puede ser una pesadilla pasar frío toda la noche.
Abu Simbel merece la pena sin ninguna duda. Está en un lugar espectacular junto al Lago Nasser y es una oportunidad para conocer un poco más de cerca la cultura nubia. Nosotras nos alojamos allí en un hostal ubicado en una casa típica nubia, y casualmente por la noche el dueño se había juntado con sus amigos, a los que le gustaba la música, y nos invitaron a unirnos a ellos mientras cantaban canciones nubias al ritmo del laúd y de una especie de pandereta. La verdad es que fue una suerte coincidir con ellos y disfrutar de la noche, la música y un buen té de menta.

En Luxor pudimos alquilar una bicicleta para recorrer el Valle de los Reyes. Esto es totalmente recomendable siempre y cuando el calor no lo impida. Nosotras tuvimos mucha suerte con el tiempo porque la temperatura era primaveral y se aguantaba el sol sin mayor problema. Con la bicicleta puedes pararte donde quieras y en un día da tiempo a ver las tumbas de los faraones y el templo de Hatsepshut. Todo esto sin tener que pegarse el madrugón y haciéndolo con tranquilidad.
Otra cosa que merece mucho la pena es visitar el desierto. A unas cuatro horas en coche desde El Cairo se pueden visitar el desierto Negro y el desierto Blanco, dos lugares increíbles por sus paisajes. Nosotras pasamos la noche en el desierto Blanco tras visitar durante el día el desierto Negro, la montaña de Cristal y otros lugares espectaculares en los alrededores. Fue una de las cosas que más nos gustó del viaje. Los guías que nos acompañaron nos prepararon una cena deliciosa a base de verduras, arroz y pollo a la brasa. Por la noche té, narguile y canciones acompañadas por la darbuka, todo bajo las estrellas en un lugar en medio del desierto. Una experiencia muy recomendable.
El Cairo es una experiencia por sí sóla. Creo que haría falta un viaje dedicado exclusivamente a esta ciudad. Lo que sucede en mi caso con las grandes urbes es que me horrorizan y cada vez me cuesta más ver su atractivo. Uno tiene que ser capaz primero de olvidarse de la contaminación, el tráfico y el ruido. Y esto en El Cairo es mucho pedir. Pero sin duda es una ciudad que te fascina al mismo tiempo que te devora. Nosotras nos alojamos en plena Talaat Harb, como la Gran Vía madrileña, y vivimos la experiencia cairota con bastante intensidad, la verdad.
La comida egipcia nos ha gustado mucho. En El Cairo descubrimos una especie de mezcla entre pizza y empanda de hojaldre que nos encantó. Los populares shawarmas y las sopas de lentejas fueron nuestras cenas muchos días. También comimos una especie de Moussaka pero diferente a la que hacen los griegos. No faltaron las mandarinas en nuestras largas horas de viaje, y los huevos duros y el té en los desayunos. También descubrimos la infusión fría de hibisco, muy regrescante y que servían como aperitivo algunas veces.
Por cierto, el tema del regateo nos ha resultado mucho más fácil que en Siria o Jordania. Yo no sé si es que ya nos ha pillado más sueltas y escarmentadas pero hemos regateado a tope. Eso sí, hay que estar preparado para dedicarle tiempo al regateo, es sin duda algo que cansa y entiendo que en algunos casos uno pague lo que le piden por no discutir todo el rato. Pero en nuestro caso, íbamos concienciadas de que esta vez no nos iban a timar tanto como lo hiceron en Jordania, y la verdad es que al final hemos salido bastante satisfechas de nuestras negociaciones.
Volveremos sin duda a Egipto, mientras tanto, nos quedan las fotos del viaje aquí.
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